Hace unos días me di cuenta de que en muchas empresas ya ha entrado un nuevo trabajador al equipo.
No tiene mesa, no toma café y tampoco aparece en el organigrama.
Es la Inteligencia Artificial.
Lo curioso es que cada vez veo más diferencias entre unas empresas y otras.
Mientras algunas ya la utilizan para automatizar tareas, analizar información o mejorar procesos, otras siguen trabajando exactamente igual que hace dos o tres años.
Y ahí es donde me surge una reflexión.
Veo cómo algunas avanzan a gran velocidad
Y también veo otras donde esas mismas oportunidades siguen esperando encima de la mesa.
A veces incluso me hace cuestionarme mi propio trabajo.
No porque la IA vaya a sustituir al financiero, sino porque creo que parte de mi trabajo es animar a mis clientes a contratar y poner a trabajar a este nuevo trabajador.
La realidad es que las empresas que mejor están aprovechando esta tecnología no son las que tienen más recursos. Son las que tienen más curiosidad por cambiar.
Y desde las finanzas hay algo que tengo claro: cada vez será más importante medir no solo cuánto cuesta una decisión, sino cuánto cuesta no tomarla.
